Ramon Roca, fundador de Guifi.net “el sueño de conectar a todos no podrá llevarlo a cabo una sola empresa”
Con el estallido de la pandemia, el teletrabajo ha llegado definitivamente a nuestra vida, poniendo a prueba nuestra capacidad de adaptación al entorno y creando una nueva relación con las pantallas. El ritmo constante de videollamadas al que nos vemos sometidos a lo largo del día no sólo nos obliga a estar concentrados, sino a parecerlo. Y si la conciliación de la vida laboral con la familiar ya resulta complicada, añadámosle una conexión a internet de mala calidad y obtendremos la tormenta perfecta. Caídas de red, imágenes pixeladas e involuntarios estados offline: En los últimos meses, se ha agudizado la brecha entre desconectados y conectados, a raíz de las diferencias existentes en el acceso a Internet.
Ramon Roca, fundador de Guifi.net y miembro de la red de emprendedores sociales Ashoka, apuesta por un enfoque colaborativo que acelere un despliegue total de la fibra óptica y que permita habilitar la banda ancha a cualquier punto del territorio. El objetivo de Ramon y su equipo es democratizar el acceso a internet, llevando el flujo de datos hasta donde lleguen el agua y la electricidad. Su idea se materializa con la creación de redes wi-fi abiertas, gratuitas y neutrales; administradas de forma mancomunada y donde cada usuario es copropietario y cogestor de la infraestructura. En los últimos meses, han conseguido llevar la fibra a poblaciones como Riudaura o Vilobí d’Onyar en Catalunya o al Valle de Erro en Navarra, lugares en los que los operadores tradicionales han hecho oídos sordos durante años a las demandas de los vecinos.
El proyecto, que arrancó en 2004 con el objetivo de resolver las dificultades de acceso a Internet de banda ancha en las zonas rurales – provocadas por la falta de interés de los operadores tradicionales en ofrecer servicio – ha ido creciendo a lo largo de los años, reivindicado siempre que la conectividad a la red es un derecho clave para el desarrollo social. El acceso a servicios de banda ancha de alta calidad que promueve la iniciativa se dirige principalmente a comunidades aisladas y a día de hoy permite el acceso a la red a más de 150.000 personas, cifra que puede representar porcentajes significativos en entornos rurales.
Su innovador sistema capacita técnicamente a las personas interesadas en conectarse a internet allá donde internet no llega, ayudándolas a instalar infraestructuras de telecomunicaciones de código abierto y de propiedad común, como una alternativa a las redes privadas de los operadores comerciales.
El idealismo tecnológico de guifi.net desafía el marco clásico de proveedor tecnológico y cliente, apostando por la forma jurídica de los bienes comunes, que aborda la gestión de las telecomunicaciones en entornos rurales como se venía haciendo con los bosques y los prados. Pero el mapa y el territorio no son exactamente lo mismo, y este tipo de acciones en común fracasan muchas veces por el no-respeto de las reglas del juego. Ante la ausencia de un operador que se ocupe, entre otras muchas cosas, del correcto mantenimiento de la red ¿Cómo garantizar una gestión justa y racional del bien común por parte de los usuarios?
Para abordar los posibles conflictos que pudieran surgir entre los usuarios de estas redes mancomunadas, Ramon recurrió a los principios teóricos de la politóloga estadounidense Elinor Ostrom sobre la gobernanza del bien común – estudio que le valió el Premio Nobel de Economía en 2009 –. Una de las ideas claves de la teoría de Ostrom es la necesidad de llevar una contabilidad precisa de lo que cada uno de los copropietarios aporta y obtiene del bien común, para así poder establecer un sistema de compensaciones que garantice un retorno equitativo a cada uno de los miembros.
La experiencia previa ha demostrado que la idea del bien común es tan poderosa como frágil, por lo que es vital que se gestione de forma sostenible si se quiere preservar a largo plazo. En ese sentido y fiel a su naturaleza techie, Ramon Roca ya piensa de cara al futuro inmediato en la tecnología blockchain para garantizar la inviolabilidad del bien común. La alternativa a la lógica especulativa con la que se mueven las grandes operadoras reclama soluciones disruptivas que, por su complejidad técnica, pueden ser una odisea. Pero acostumbrado a navegar por aguas tecnológicas, Ramon insiste: “Aquí, en Osona, – dónde vive – la vacas se ordeñan en salas computarizadas y el mantenimiento se hace desde Israel… No basta con los móviles para conectarse a internet, la fibra se necesita.”
Este artículo forma parte de una serie para Changemakers United, una iniciativa de Ashoka para apoyar a innovadores sociales que han respondiendo de manera duradera a los retos provocados por la crisis del coronavirus.

