Durante el confinamiento, el proyecto Coronavirus Makers demostró que la tecnología punta y la acción ciudadana pueden ir de la mano
Confinarse puede tener su parte positiva, como puede ser reunir a miles de personas con talento con un objetivo común, personas que disponen de un tiempo del que raramente se dispone en un mundo marcado por la inmediatez y la brevedad de los plazos.
Pero cuando se declara una emergencia real, desconocida y global, lo prioritario se redefine y el ingenio se agudiza para poder dar respuesta a los retos que se plantean. Durante las primeras semanas del confinamiento, la aplicación de mensajería Telegram hervía con los mensajes de diferentes colectivos que se preguntaban cuál era la mejor manera de ayudar en ese momento de crisis sin precedentes.
De entre esos colectivos, los autodenominados “makers” dieron un paso al frente para poner su ingenio y dominio de las herramientas tecnológicas a disposición de las necesidades del momento.
¿Y qué es un maker? Como su propio nombre indica, alguien que “hace” algo. Digamos que se trata de “alguien que prefiere fabricarse las cosas en lugar de comprarlas” como bien explica David Cuartielles, profesor investigador por la Universidad de Malmö, co-fundador de la plataforma de software abierto Arduino, emprendedor social Ashoka y mente pensante detrás de la orgullosa legión de makers.
Con el nombre de Coronavirus Makers, esta iniciativa ciudadana voluntaria se puso a trabajar de manera ágil y colaborativa en diversos proyectos que pudieran paliar las diferentes necesidades que iban apareciendo. Mascarillas, sistemas de aislamiento de pacientes, sistemas para abrir y cerrar puertas sin necesidad de contacto o incluso prototipos de respiradores. Pero su “producto” estrella han sido sin duda los protectores faciales en forma de visera que tanta falta hacían en hospitales o residencias durante las primeras semanas del estallido de la pandemia.
Gracias a una impresora 3D – el arma de construcción masiva de los makers – y la coordinación de los equipos se confeccionaron los famosos antifaces (por centenares de miles!) y para la distribución hacia sus destinatarios finales contaron con la colaboración empresas de transporte, compañías de taxi, ambulancias y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
La tan manida expresión de “la unión hace la fuerza” fue absolutamente cierta en el caso de Coronavirus Makers, un colectivo heterogéneo formado principalmente por dos “grupos”: los makers de “acción” (que disponían de herramientas y querían ayudar a la sociedad de la manera que fuera) y los makers de “investigación” (con un perfil más técnico-científico, que se encargaban de diseñar y optimizar las soluciones que se llevan a cabo).
Gracias al tiempo recobrado que trajo el confinamiento y al uso de una plataforma ágil como Telegram se produce el milagro: Coronavirus Makers se convierte en un enorme coworking digitalizado y plagado de talento que consiguió – como la misma Agencia Española de la Innovación se ha encargado de reconocer – en tan sólo 10 días de trabajo la innovación de 10 años.
Cuartielles explica dicho milagro argumentando que “España tiene una tradición bastante fuerte en lo que respecta a los grupos tecno-sociales, gente que se une alrededor de tecnologías para compartir experiencias” y saca pecho al afirmar que a lo largo de estos meses los makers han actuado de punta de lanza del i+D de nuestro país, transfiriendo su conocimiento a la industria y beneficiándose de la capacidad productiva de ésta para hacer escalables las soluciones aportadas.
Tras los meses más crudos de la crisis causada por el covid-19, Cuartielles mira al futuro lanzando una nueva iniciativa llamada Más que Makers, con la que pretende, desde la sociedad civil, “contribuir a resolver retos más allá de la pandemia mediante el uso de las herramientas de fabricación digital, y el conocimiento distribuido de nuestra comunidad.”
Quizás las soluciones innovadores a esta crisis como las que han aportado los makers sirvan para darnos cuenta de la cantidad de talento que existe en nuestro país, y plantearnos como debemos incentivarlo y canalizarlo. Lo que es seguro es que, tal y como asegura David Cuartielles “gracias a esta crisis, el maker va a dejar de ser el friki de la tecnología y va a comenzar a ser considerado como un científico.”
Este artículo forma parte de la serie de artículos dedicados a los emprendedores sociales de Ashoka y sus proyectos en la lucha contra el covid-19.

